Esta
es la época en la que todos de alguna u otra forma hacemos un balance de lo que
fue nuestro año. Momento de reflexión y de introspección. Para mi es también un
momento de aceptación, de reconocer lo somos con lo que nos ha pasado. Al fin y
al cabo, es un ‘¿Qué es lo que hicimos con nuestra historia?’ Sin lugar a dudas
este fue mi peor año. Sin embargo me rehúso a quedarme con eso solamente, me rehúso
a quejarme (aunque hay veces que no lo puedo evitar, porque el dolor se hace más
fuerte), me rehúso a no ver el vaso medio lleno. Este 2015 lo resumo en tres grandes
palabritas, las que sin duda definen mi vaso medio lleno. Una es gracias, gracias
no se bien a quien. Gracias por el hoy, por el momento que vivo, por el aire
que respiro, por mis manos que escriben. Gracias por la alegría, gracias también
por el dolor, gracias por las lágrimas. Así
de gracias, esas gracias. Gracias absolutas por haber llegado hasta acá. La otra es resiliencia, que según tengo entendido
“es la capacidad de recuperarse de situaciones de crisis y aprender de ellas. Teniendo
una mente flexible y un pensamiento optimista, con la certeza de que todo se
pasa.” Este es un término que me gusta mucho, es inspirador, fuerte, tiene impulso. Falta mucho camino aun para considerarme un ser resiliente
pero creo estar bien rumbeada y esto es una prueba de ello. Por último, amor. Una palabra tan pequeña y tan grande a la vez, que tiene miles de acepciones, que muchas veces es mal
utilizada. Que hoy puedo conocerla en sus mil
facetas, o por lo menos algunas cuantas más que antes. Hoy sé que el amor no es
solo el afecto que podes sentir por alguien o por algo, el amor es mucho más, muchísimo
más. El amor es vida, es comprensión, es respeto por todas las formas de vida,
es pasión, es entrega, es aceptación, es magia, es eternidad. Es dar lo mejor
de uno, para recibir la gracia de haber dado lo mejor. Es inexplicable y sinceramente no puedo
hacerlo, no me alcanzan las palabras. Es eso; es amor. El que lo vive, lo
conoce, el que no; debe ocuparse por conocerlo.
Mis deseos para el 2016, son tres nuevas
palabras que definan mi próximo vaso medio lleno. Porque motivos para vasos
medios vacíos, indefectiblemente siempre vamos a tener.
Camila.